Las puertas estaban cerradas. El vestíbulo completamente vacío. ¿Dónde estaban todos?
-Malditos criados, ¿por qué no están cuando se los necesita? ¿Quién me servirá una mísera copa de brandy? ¡Se supone que deba hacerlo yo! Pero, Dios mío. ¡Voy a correrlos a todos, por ineptos!- vociferaba sin notar que por detrás de él se acercaba alguien. Sus pasos eran temerosos, y su respiración no era del todo rítmica.
Se dio vuelta, con rapidez y con violencia se dirigió a la pobre muchacha que acudía temerosa a los gritos de su amo. Su piel era de un tono similar al chocolate, acompañados por sus rizos que le seguían hasta la cintura, delineada por un vestido del color del algodón amarrado en la cintura por un cinto algo precario hecho con retazos de cuero de algún animal.
-¡Tú! ¿Dónde están los demás?- exclamó con furia.
-¡Ido, ido, señor!- le contestó la joven aún con el miedo en sus ojos.
-¡Pero, cómo! Irse, ¿con el permiso de quién podrías decirme?
-No se, ido señor. Tienen miedo.
-¿Miedo? Miedo a qué, a quién. ¿Qué es el miedo?
-A usted.
No comprendía, nada. ¿Miedo a él? ¿Por qué?
-¡Miedo! ¿Miedo de mí? Después de todo lo que he hecho por ustedes, malditos negros. Les he dado comida, casa, lujo. Si no fuera por mí, estarían todos en el fango buscando a sus hijos, y partes de sus cuerpos desmembrados. Pero, ¡qué se puede esperar de ustedes! Si no son más que negros, eso son: negros. ¿Miedo de qué?- le preguntaba a la joven tomándola fuertemente del brazo.
-Usted diablo, usted malo. ¡Suelte!
La joven consiguió despegarse, ella era fuerte y vigorosa. Y apenas pudo verse libre de su captor, echó a correr con ligereza y habilidad, mientras de su boca corrían tambien palabras en algún idioma extraño. Por lo poco que conocía del mismo idioma, de haber con anterioridad escuchado a los criados consiguió entender algunas palabras: "diablo" "maldito" "Jesús misericordioso" La evangelización les había dado de su mejor receta.
Quedó ahí, perplejo por algunos minutos. Pues no entendía nada. La mujer lo había dicho: "Usted diablo, usted malo." ¿Era eso tan así?
Otro nuevo ataque de furia corría por sus venas y se reprodujo en la violencia con la que sus pasos recorrían el vestíbulo. Sus botas golpeaban con fuerza el piso de madera, y aún asi cubierto con alfombras pardas, se podían oír el eco de los mismos.
Con esa furia contenida, llegando al final del corredor, se quedó parado frente a la puerta del estudio. La abrió y entró. Lo recorrió unas cuantas veces, dando vueltas en círculos. Pasando por detrás del sillón, por delante de la estantería rebozante en libros de toda talla, y por detrás del escritorio.
Luego de varias vueltas, se acercó a la pequeña mesa cerca del escritorio, en donde reposaban tranquilas botellas casi vacías y otras no tanto, junto con un par de copas. Tomó una y se sirvió hasta la mitad de brandy y agregó dos hielos. Se sentó en el enorme sillón de tapizado bordo, haciendo juego con el ambiente.
Se sentó y pensó, mirando hacia el gran ventanal que se encontraba detrás del escritorio. Desde allí podía observar el amplio jardín de la casa. En el medio, una fuente. Estatuas, de ángeles que han perdido la vida para quedarse allí en silencio. El césped se movía al compás de la brisa en una danza frenética acompañado por las ramas de los árboles, y ya sus pocas hojas prendidas a ellas.
La bebida bajaba. Y con ella, su enojo. ¿Estaba enojado por que un par de negros se habían ido por miedo? Claro que no. Estaba enojado con él mismo.
Había cambiado, era otro, se había evadido. No había noche que no maltratara a los criados, que no se embriagara, que no fuera acompañado de alguna barata prostituta. Y en eso, se levantó y un nuevo brote de ira, le hizo arrojar con fiereza la copa al suelo estallando en mil pedazos. Rombos de cristales correteaban por el suelo alfombrado parcialmente, y al llegar a la madera un ruido sordo y allí se estancaban.
Permaneció de pie, un breve momento viendo el espectáculo. El desastre en el que se había convertido la sala. Levantó la vista y en el rincón más cercano al escritorio, una pequeña araña. Por la poca luz que llegaba a ese extremo, podía observar que era de un cuerpo negro y brillante mientras que de él cuatro pares de patas permanecían quietas sobre la telaraña. No se movía. La miró, con extrañeza. Admiraba su inmovilidad.
-¡Qué! ¿Qué me estás mirando? ¡Bicho del infierno!- y en eso, le tiró con un libro de la biblioteca- ¿Te gusta eso? ¡Eh!- y le arrojó otro.
La araña se sentía amenazada, pero ofreció resistencia. No se inmutó.
La situación lo exasperaba. Tomó todos los libros de la estantería y le arrojó los que pudo, mientras que el resto los tiró por el suelo junto con los vidrios. Cuando los libros no fueron suficiente, tomó las botellas y las arrojó contra la pared. El ruido era infernal. Entre todo el lío, la araña continuaba en su ademán silencioso.
En ese estado, de ira repentina, la luna brillaba en lo alto del ventanal sobre un azul profundo rodeado de pequeños puntos ausentes y brillantes. Una sombra mal ubicada fue a dar en la habitación, el viento y los árboles le jugaron una mala pasada. Su cuerpo entumecido de alcohol, creyo ver que la araña se avalanzaba hacia él y trató de deshacerse. Se dio vuelta con urgencia y entre esos movimientos fue a tropezar con la pata del sillón y al caer dio su cabeza contra el esquinero de la pequeña mesa.
Allí quedó en el suelo, desangrándose. Con pedazos de vidrio encrustados en la piel.
La araña tejía su telaraña con ademán insistente porque esa era su labor. Vivía solamente para atrapar insectos con ella y defenderse con su ponzoña de la amenaza externa. Ante cualquier dificultad posible, ella picaba y el veneno entumecía cada parte del cuerpo de su víctima. En el hombre, le llevaría unas dos o tres horas en afectar el sistema cardíaco y apagar de golpe el sonido de su corazón.
La araña es un insecto demasiado pequeño para tener en su cuerpo demasiada maldad y provocar tanto daño. Pero el hombre no entiende que el animal lo hace por supervivencia, siguiendo sus netos instintos.
Miles de veces el hombre abandona aquello que le fue dotado, la razón, para dejarse llevar por instintos animales y su egoísmo.
Nadie sabe qué fue de él. Si murió aquella noche, o permanece aún protegiéndose de un insecto que no le ha hecho nada.
Tarde de llovizna gris, pero el sol está en ti. Hundido en tu regazo. Tejes y tus manos son dos lirios al amor, reposo en tu cansancio. Ven, te quiero ver andar, silencioso y frutal. Adagio de la espera. Ven que el tiempo es de los dos y por gracia tendremos primavera. Si eres pan que floreció en la mesa del amor y el vino de tu sangre es savia. Si tu aliento en el cristal, es cielo abierto al sol, la luz en tu regazo canta. Ven que este tiempo es de los dos y es gracia por nuestro amor
21.4.11
17.4.11
Tim
Mara conocía a Tim desde no saber cuándo. Tenía los primeros recuerdos de la vida con la imagen de Tim. Empezó a hacerse vívido desde los comienzos, desde su temprana existencia. Su mamá le decía que Tim conocía a Mara desde el día de su nacimiento, pero ella no lo recordaba bien, obviamente por la corta edad. Era tan sólo una bebé.
Mara hoy tiene 17 años, es una muchachita alegre y juvenil. Ama leer, escuchar buena música y es hasta el día de hoy que aguarda la llegada de su príncipe azul, todos ellos galanes de cine y tevé. Mara lleva ya unos 13 años de conocer a través de su memoria a Tim. Pero según la teoría de su madre, se conocen hace 17 años.
Tim es ya un hombre entrado en años, con unas pocas canas a cuestas, es una persona que a simple vista se asemeja a una roca. No sólo por su contextura física, sino por la rudeza y frialdad que existe en su corazón. Una piedra debe tener más carisma que Tim.
La relación que une a Mara y a Tim, es en verdad extraña. Nunca entre ellos hubo un 'te amo', nunca hubo ni siquiera un 'te quiero', jamás un abrazo, jamás un saludo, jamás un saludo de las buenas noches, jamás una charla. Y eso pesaba en el corazón de Mara, porque ella si lo amaba, si lo quería, si lo abrazaría, si lo besaría y se sentiría de mil maravillas entablando una conversación con Tim.
Llegó al punto que Tim ni siquiera le dirigía la palabra a Mara, y eso provocaba que todas las noches bañara la almohada con sus lágrimas, y siempre lamentándose, y siempre echándose la culpa de que todo lo que pasaba era por sus faltas, por amar a una piedra.
Mara siempre hizo de lo imposible, posible; para tratar de remediar esta situación. Siempre buscaba temas de conversación. Siempre buscaba ese cariño que tanto anhelaba, pero Tim parecía no entender las indirectas que Mara proponía. Ni siquiera se inmutaba en su presencia, para Tim, Mara era una cosa sin importancia.
Él nunca se preocupó por el por qué de sus ojos brotaban lágrimas, o por qué estaba refunfuñada con ella misma, por qué no sonreía. Nunca se emocionó por sus logros, que eran muchos y nunca se preocupó por ayudarle a solucionar sus defectos. Para Tim, Mara no era nadie.
Tim tenía la estúpida idea de creer que las demostraciones de su amor se basaban en trabajar y trabajar, pero no entendía que Mara prefería morir de hambre por días con tal de que Tim le dijera lo mucho que la quería y la valoraba como persona.
Para Mara, Tim era una especie de héroe. Una persona invencible e incansable. Pero Tim siempre era un ideal muy alejado de lo que ella buscaba ver. Tim nunca fue el Tim de sus sueños, aquel que la llevara a pasear, que le regalara flores, que le contara cuentos, que fuera el Rey y ella su princesa, que le dijera lo linda que era y lo mucho que la quería. Pero Tim era trabajar y trabajar.
La niñez de Mara estuvo marcada por eso, por la desilusión que Tim provocaba en su corazón y por la falta de comprensión que él le regalaba. Mara no entendía qué era lo que hacía mal. Si era una buena persona, que no le traía problemas, ¿por qué Tim no era capaz de darle una mísera prueba de su afecto?
Frente a otras personas, Tim era todo lo que Mara quería y esa falsedad partía en mil pedacitos su corazón, todas aquellas expresiones la ofuscaban : "¿No es una persona excepcional Tim? Debe tratar así a todo el mundo" y Tim exhibía una sonrisa cálida de vitrina mientras que se alimentaba el resentimiento en el interior de Mara.
Poco a poco aprendió que tras miles de intentos, jamás recibiría lo que ella buscaba. Asi fue que Mara se hizo una coraza donde ya nadie podría entrar, sobretodo Tim. Él ya no vería sus sentimientos, porque había escogido otra cosa, y eso no le parecía correcto a Mara.
Fue deshaciéndose de la idea de intentarlo y se dejó caer en la indiferencia. La presencia de Tim le parecía de tan poca importancia que ya le daba lo mismo que estuviera cerca o lejos. Sus chistes no les daba ninguna gracia y ante un atisbo de palabra de parte de Tim, Mara contestaba con un rostro serio y falto de sentimiento.
Dejaron de verse, por completo, y Mara se sentía ahora mejor, porque había entendido que Tim era un caso perdido y la joven se había cansado de intentar.
La indiferencia y la falta de amor, se tornaron lentamente en odio. Estar cerca de Tim le provocaba recelo y le crispaban los nervios, a tal punto que debía alejarse para no romper ese tratado de frialdad que había firmado secretamente con Tim, pero que él no lo sabía.
Se podía decir que Mara ya no amaba Tim, y que él tampoco la amaba o le parecía indiferente. Por lo tanto jamás podrían llegar a entenderse. Mara y Tim, jamás serían algo ni siquiera se arrimarían a ser una familia.
Tim era un padre desinteresado y Mara una hija que se había desinteresado a la fuerza.
Mara hoy tiene 17 años, es una muchachita alegre y juvenil. Ama leer, escuchar buena música y es hasta el día de hoy que aguarda la llegada de su príncipe azul, todos ellos galanes de cine y tevé. Mara lleva ya unos 13 años de conocer a través de su memoria a Tim. Pero según la teoría de su madre, se conocen hace 17 años.
Tim es ya un hombre entrado en años, con unas pocas canas a cuestas, es una persona que a simple vista se asemeja a una roca. No sólo por su contextura física, sino por la rudeza y frialdad que existe en su corazón. Una piedra debe tener más carisma que Tim.
La relación que une a Mara y a Tim, es en verdad extraña. Nunca entre ellos hubo un 'te amo', nunca hubo ni siquiera un 'te quiero', jamás un abrazo, jamás un saludo, jamás un saludo de las buenas noches, jamás una charla. Y eso pesaba en el corazón de Mara, porque ella si lo amaba, si lo quería, si lo abrazaría, si lo besaría y se sentiría de mil maravillas entablando una conversación con Tim.
Llegó al punto que Tim ni siquiera le dirigía la palabra a Mara, y eso provocaba que todas las noches bañara la almohada con sus lágrimas, y siempre lamentándose, y siempre echándose la culpa de que todo lo que pasaba era por sus faltas, por amar a una piedra.
Mara siempre hizo de lo imposible, posible; para tratar de remediar esta situación. Siempre buscaba temas de conversación. Siempre buscaba ese cariño que tanto anhelaba, pero Tim parecía no entender las indirectas que Mara proponía. Ni siquiera se inmutaba en su presencia, para Tim, Mara era una cosa sin importancia.
Él nunca se preocupó por el por qué de sus ojos brotaban lágrimas, o por qué estaba refunfuñada con ella misma, por qué no sonreía. Nunca se emocionó por sus logros, que eran muchos y nunca se preocupó por ayudarle a solucionar sus defectos. Para Tim, Mara no era nadie.
Tim tenía la estúpida idea de creer que las demostraciones de su amor se basaban en trabajar y trabajar, pero no entendía que Mara prefería morir de hambre por días con tal de que Tim le dijera lo mucho que la quería y la valoraba como persona.
Para Mara, Tim era una especie de héroe. Una persona invencible e incansable. Pero Tim siempre era un ideal muy alejado de lo que ella buscaba ver. Tim nunca fue el Tim de sus sueños, aquel que la llevara a pasear, que le regalara flores, que le contara cuentos, que fuera el Rey y ella su princesa, que le dijera lo linda que era y lo mucho que la quería. Pero Tim era trabajar y trabajar.
La niñez de Mara estuvo marcada por eso, por la desilusión que Tim provocaba en su corazón y por la falta de comprensión que él le regalaba. Mara no entendía qué era lo que hacía mal. Si era una buena persona, que no le traía problemas, ¿por qué Tim no era capaz de darle una mísera prueba de su afecto?
Frente a otras personas, Tim era todo lo que Mara quería y esa falsedad partía en mil pedacitos su corazón, todas aquellas expresiones la ofuscaban : "¿No es una persona excepcional Tim? Debe tratar así a todo el mundo" y Tim exhibía una sonrisa cálida de vitrina mientras que se alimentaba el resentimiento en el interior de Mara.
Poco a poco aprendió que tras miles de intentos, jamás recibiría lo que ella buscaba. Asi fue que Mara se hizo una coraza donde ya nadie podría entrar, sobretodo Tim. Él ya no vería sus sentimientos, porque había escogido otra cosa, y eso no le parecía correcto a Mara.
Fue deshaciéndose de la idea de intentarlo y se dejó caer en la indiferencia. La presencia de Tim le parecía de tan poca importancia que ya le daba lo mismo que estuviera cerca o lejos. Sus chistes no les daba ninguna gracia y ante un atisbo de palabra de parte de Tim, Mara contestaba con un rostro serio y falto de sentimiento.
Dejaron de verse, por completo, y Mara se sentía ahora mejor, porque había entendido que Tim era un caso perdido y la joven se había cansado de intentar.
La indiferencia y la falta de amor, se tornaron lentamente en odio. Estar cerca de Tim le provocaba recelo y le crispaban los nervios, a tal punto que debía alejarse para no romper ese tratado de frialdad que había firmado secretamente con Tim, pero que él no lo sabía.
Se podía decir que Mara ya no amaba Tim, y que él tampoco la amaba o le parecía indiferente. Por lo tanto jamás podrían llegar a entenderse. Mara y Tim, jamás serían algo ni siquiera se arrimarían a ser una familia.
Tim era un padre desinteresado y Mara una hija que se había desinteresado a la fuerza.
16.4.11
Andar andando, sólo andando por andar
Yo no se si algún día aceptes y me respondas que si cuando te diga: "Cabrón, nos vamos a darle pelea a la vida. Asi que agarras tus maletas y me sigues, ¿o no?
Y si tal vez me canse de esperar, no lo sé. Ahora tengo las cosas listas, la mochila preparada y la cámara a punto para partir.
Y si me dices que no, pues no importa. Parto igual, a dónde nadie conozca quién soy, y si por qué no, a buscar lo nuevo.
Ya ni siquiera sé que voy a llevar, por lo pronto, nada. ¿Para qué cargarse las espaldas de cosas que no sirven? Y de cosas que jamás voy a usar.
Tal vez, un buen libro para no sentirse solo, si es que no quieres acompañarme, llevaré palabras que me hagan recordarte hasta que termine el viaje. Que tampoco pretendo que lo haga.
Planeo sólo caminar, hasta que las fuerzas me lo permitan. Pretendo ir, por cualquier medio. Y pretendo sobre todo, no pretender nada. A nadie le importan los planes, y no los habrá por supuesto.
¿Y si nos fuimos a volar sin paracaídas? Estoy segura que ninguno va a quedar a la deriva. Somos como imanes, tú te mueves y yo me posiciono para quedar exactamente a la misma distancia, si es porque simplemente poseemos una fuerza de gravedad distinta, diferente a la de este mundo. Que no me entiende, pero ¿qué importa?
Que te empiece a resbalar todo, es un ejercicio que se extralimita bastante de la conducta humana, pero cuando lo lográs, se siente tan bien. Porque ya nada te interesa.
¿Cómo te puedo decir en cien palabras todo lo que me gustaría ser? ¿Todo a lo que me gustaría encontrar?
Si tengo fe de que todo saldrá una locura, pero no religión. Y nadie quiere que salga bien. ¿Para qué? Si todo fuera color de rosa, sería aburrido y el viaje no tendría sentido.
Sólo quiero un cielo azul, un camino bordeado por el mundo, mis pies y un horizonte allá.. siempre lejos. Siempre corriendo, tratando de que jamás lo atrape porque cuando así sea lo podré encarcelar. Por ello, siempre lo perseguiré y espero que jamás se canse, aminore la marcha y se deje atrapar. Y si, vamos. Vamos a atrapar al horizonte.
Y si tal vez me canse de esperar, no lo sé. Ahora tengo las cosas listas, la mochila preparada y la cámara a punto para partir.
Y si me dices que no, pues no importa. Parto igual, a dónde nadie conozca quién soy, y si por qué no, a buscar lo nuevo.
Ya ni siquiera sé que voy a llevar, por lo pronto, nada. ¿Para qué cargarse las espaldas de cosas que no sirven? Y de cosas que jamás voy a usar.
Tal vez, un buen libro para no sentirse solo, si es que no quieres acompañarme, llevaré palabras que me hagan recordarte hasta que termine el viaje. Que tampoco pretendo que lo haga.
¿Por cuántos caminos pretenderé ir? ¿A dónde voy a dormir? ¿Qué comeré? Pues tengo una simple respuesta:
¿ A QUIÉN DEMONIOS LE INTERESA ?
¿Y si nos fuimos a volar sin paracaídas? Estoy segura que ninguno va a quedar a la deriva. Somos como imanes, tú te mueves y yo me posiciono para quedar exactamente a la misma distancia, si es porque simplemente poseemos una fuerza de gravedad distinta, diferente a la de este mundo. Que no me entiende, pero ¿qué importa?
Que te empiece a resbalar todo, es un ejercicio que se extralimita bastante de la conducta humana, pero cuando lo lográs, se siente tan bien. Porque ya nada te interesa.
¿Cómo te puedo decir en cien palabras todo lo que me gustaría ser? ¿Todo a lo que me gustaría encontrar?
Si tengo fe de que todo saldrá una locura, pero no religión. Y nadie quiere que salga bien. ¿Para qué? Si todo fuera color de rosa, sería aburrido y el viaje no tendría sentido.
Sólo quiero un cielo azul, un camino bordeado por el mundo, mis pies y un horizonte allá.. siempre lejos. Siempre corriendo, tratando de que jamás lo atrape porque cuando así sea lo podré encarcelar. Por ello, siempre lo perseguiré y espero que jamás se canse, aminore la marcha y se deje atrapar. Y si, vamos. Vamos a atrapar al horizonte.
Por eso repito de nuevo la pregunta:
C abrón, nos vamos a pelear la vida, a atrapar al horizonte. Agarras tus cosas y me sigues, ¿o no?
26.3.11
Tengo abierta la ventana, porque asi se escapa el tiempo sin verte.
Debo admitir que se me hace tremendamente dificil seguir así, de este modo. Pero me advertiste al irte que esto sucedería. Me preguntaste si estaría bien, y sin poder dejar mi orgullo de lado te contesté que ya ibas a darte cuenta por ti mismo, lo verías. Verías de todo lo que era capaz.
Mentí. Te dije que no te necesitaría, que sin ti podría seguir adelante, porque yo era fuerte. Y te lo iba a demostrar.
Cerraste la puerta tras tus pies y tus maletas, y de mis ojos brotaron lágrimas que en vez de tristeza, eran de pura rabia. Rabia y frustración. No podía permitir que alguien así pudiera llevarme al extremo de ser tan dependiente. Moría de ganas porque el tiempo pasara y vieras que ya no te necesitaba, que era una mujer independiente, entregada a lo que yo consideraba, mi vida, mi trabajo, mis estudios. Y cuando lo vieras te ibas a dar cuenta que estabas arrepentido de tu decisión, que me extrañabas a mares y que no podías continuar con tu vida, porque te faltaba la otra mitad.
Pero el tiempo pasó, y no sin resultar totalmente trágico y fastidioso. Porque los papeles se habían dado vuelta. Quién era independiente y entregado, no era yo, sino tú. En cambio, la que extrañaba, la que lloraba, la que no sabía como salir de un círculo vicioso, era yo.
No volviste jamás y como boba yo te esperé. Tal vez más tiempo del que merecías que te esperase. Pero nunca cerré la ventana. Tal vez así, vuelvas, flotando entre la brisa. Tal vez, tu perfume llegue a mi, y si tengo suerte aparecerás cuando menos lo espere.
Y sin ningún tipo de remordimiento de parte de los dos, nos miraremos con dulzura, me darás flores: rosas blancas; mis favoritas ¿cómo lo recuerdas? Las aceptaré, me dirás cuánto me extrañaste y te contestaré que siempre lo supe, y que tambien siempre supe que vendrías, y que por eso te esperé tantos años en soledad. Me dirás: te amo; y te diré que nadie más que yo puede amarte de esta manera.
Y colgado de un beso, se disipa en el ambiente la fantasía. La realidad es que ya no estás. Y tan solo estaba soñando despierta o dormida, ya ni me doy cuenta.
Únicamente me levanto y doy unos pasos, aún impresionada por la ilusión, hacia la ventana. Miro hacia afuera, no anda un alma por la calle. Inspiro con fuerza y no siento tu perfume. Todo el aire de mis pulmones se va en un enorme suspiro.
Cierro la ventana algo desilusionada. Pues ya no vendrás.
20.3.11
Gayola
Hace unos meses que caí acá en la gayola. Una injusticia. Me culparon de un robo que no cometí. Me dijeron que me había robado un cuero marca Correa, que lo encontraron abajo del catre que mi tata me había dado cuando me casé con la vieja. Si habré dormido miles de noches con ella ahí y otras mil afuera con el perro Cachira por llegar borracho.
No puedo creer, el daño que le hice, a pesar que de esto soy inocente, tal vez estoy pagando con creces todas las noches que volvía del bar, con unas copas de más, medio mamado y me desquitaba de la pobreza, del hambre y la mala suerte con ella. Tan delicada.
Y también, como extraño a mi pibe. Ese que se fue un fin de año y nos dejó; a mi y a mi vieja solos como dos perros. Todavía no quiero (ni puedo) entender por qué se fue, pero lo hizo por su bien, según él.
Se que no me van a tener acá por mucho tiempo. Espero volver pronto a mi rancho, volver a ver al perro flaco. A la vieja y a la miseria.
No puedo creer, el daño que le hice, a pesar que de esto soy inocente, tal vez estoy pagando con creces todas las noches que volvía del bar, con unas copas de más, medio mamado y me desquitaba de la pobreza, del hambre y la mala suerte con ella. Tan delicada.
Y también, como extraño a mi pibe. Ese que se fue un fin de año y nos dejó; a mi y a mi vieja solos como dos perros. Todavía no quiero (ni puedo) entender por qué se fue, pero lo hizo por su bien, según él.
Se que no me van a tener acá por mucho tiempo. Espero volver pronto a mi rancho, volver a ver al perro flaco. A la vieja y a la miseria.
17.3.11
El Piano
Cada nota es un alivio. Si hace días estoy sentado al piano tratando de volcar allí la melancolía. Cada nota me lleva a un espacio donde no existe la maldad, la codicia. La música es la salvación del mundo. Por lo menos en mi mundo.
Mis dedos sobre las teclas se sienten como un remedio para la fatalidad, un letargo que me adormece. Ya he cambiado de parecer, y he cambiado mi ser porque tu lo pediste. ¿Y qué conseguí a cambio? Te fuiste y me dejaste aquí junto al piano.
Si antes te sentabas a mi lado a escuchar la dulce melodía que de mi nacía al verte, que nacía de tu corazón y que yo lo tomaba para transformarlo en algo armonioso y dulce como tu cuerpo. Tus latidos eran los pulsos con los que conseguía guiarme, tu voz eran mis corcheas y tus miradas, mis silencios. Eras en sí, una partitura en vida. Tu belleza mi clave de sol. ¿Qué nos pasó? Si veo ahora y ya no estas a mi lado, junto al piano.
Miles de noches he soñado, miles de veces me he inspirado con tu presencia en mi vida. Pero ahora, ya no estas y ¿qué debo hacer?
Seguiré en el piano, tocando sin parar un segundo. Porque es allí donde estás, aunque no te vea. Allí estás y lo estarás por siempre. Mientras la música salga de allí, allí vivirás. Tanto así como en mi corazón. Mis recuerdos te pertenecen, pero eso ya lo sabes
Mis dedos sobre las teclas se sienten como un remedio para la fatalidad, un letargo que me adormece. Ya he cambiado de parecer, y he cambiado mi ser porque tu lo pediste. ¿Y qué conseguí a cambio? Te fuiste y me dejaste aquí junto al piano.
Si antes te sentabas a mi lado a escuchar la dulce melodía que de mi nacía al verte, que nacía de tu corazón y que yo lo tomaba para transformarlo en algo armonioso y dulce como tu cuerpo. Tus latidos eran los pulsos con los que conseguía guiarme, tu voz eran mis corcheas y tus miradas, mis silencios. Eras en sí, una partitura en vida. Tu belleza mi clave de sol. ¿Qué nos pasó? Si veo ahora y ya no estas a mi lado, junto al piano.
Miles de noches he soñado, miles de veces me he inspirado con tu presencia en mi vida. Pero ahora, ya no estas y ¿qué debo hacer?
Seguiré en el piano, tocando sin parar un segundo. Porque es allí donde estás, aunque no te vea. Allí estás y lo estarás por siempre. Mientras la música salga de allí, allí vivirás. Tanto así como en mi corazón. Mis recuerdos te pertenecen, pero eso ya lo sabes
16.3.11
Mis ojos se ven cansados de llorar
Dame un beso que me haga viajar,
dame una canción para esperar,
dame una razón para cambiar.
Dame un sueño roto para coser,
dame un libro que me haga crecer.
Cuando el mar no tenga sed y el amor sepa perder.
Venderé mi corazón, para darte algo mejor.
Perdoname, abrazame,
..te he visto llorar,
Dame un par de noches y te amaré,
dame una sonrisa y no te olvidaré.
Cuando el mar no tenga sed y el amor sepa perder
Venderé mi corazón para darte algo mejor.
abrazame,
te he visto llorar,
donde nadie llora más, donde el amor sabe mal,
donde los besos se van, donde la vida da igual,
dame una canción para esperar,
dame una razón para cambiar.
Dame un sueño roto para coser,
dame un libro que me haga crecer.
Cuando el mar no tenga sed y el amor sepa perder.
Venderé mi corazón, para darte algo mejor.
Perdoname, abrazame,
..te he visto llorar,
donde nadie llora más, donde el amor sabe mal,
donde los besos se van, donde la vida da igual,
donde nada es de verdad, donde no existe la paz
Dame un par de noches y te amaré,
dame una sonrisa y no te olvidaré.
Cuando el mar no tenga sed y el amor sepa perder
Venderé mi corazón para darte algo mejor.
Perdoname
abrazame,
te he visto llorar,
donde nadie llora más, donde el amor sabe mal,
donde los besos se van, donde la vida da igual,
donde nada es de verdad, donde no existe la paz.
13.3.11
Cuando ya no nos quede nadie.
Y es cuando uno está al final de todo cuando se da cuenta de que lo importante en la vida fue eso, vivirla. Y que lo más insignificante se convierte en lo único en lo que uno debe ansiar.
Pensar cansa. Y aún más volcar las cosas al texto, lleva un trabajo de selección y orden. En el arte de escribir, el cual más que arte; varía, fluye y se sincera a la hora de hablar de estados de ánimo. Y es ahí, cuando mi ánimo flaquea, que reflexiono sobre una filosofía de vida bastante barata que claramente me involucra e involucra a la gente más cercana, tocada de lleno o en parte por mi bipolaridad. El ánimo flaco, que no se alimenta, es el más propenso a enfermar hasta perder la cordura. Propenso a ser atacado por miedos y dudas, donde las inseguridades toman el control, encarcelando a la mejor parte de mi: el poco optimismo que me nace y me caracteriza.
¿Será mi culpa dejarme gobernar por instintos pocos saludables? Caer en estos pozos es un acto bastante imprudente. Pero conozco el camino, creo saber por dónde andar.. ¿hasta dónde ajustar la cuerda? ¿cuándo tirar de ella? ¿cuándo aflojar o desatar? Algunas veces mi capacidad de autocontrol, sobrepasa mis límites.
Siento como si deseara escarbar el agujero de mi pecho y arrancar la mala hierba para volver a la tranquilidad y serenidad que tanto necesito.
Ni siquiera sé del por qué de la razón de estar escribiendo esto. Simplemente tengo malos días. Pero tengo derecho a tenerlos.
No encuentro la forma de hacer algo por mí misma. Debo buscar todas aquellas cosas cosas que hacen sacar lo mejor de mi desde lo peor que me cubre ahora. Y ni siquiera se si todo lo que pasa ahora se va a solucionar con algo tan simple y complicado como el tiempo.
Agradecería que algo apareciera;un saludo, una palabra, un simple abrazo. Me basta que todo aquello funcione como un cable a tierra que me haga recordar quién soy y qué es lo mejor que puedo hacer. Que haga sacar a la muchacha simpática que tanto me gusta ser, por lo menos hasta mi próximo cambio de humor..
Pensar cansa. Y aún más volcar las cosas al texto, lleva un trabajo de selección y orden. En el arte de escribir, el cual más que arte; varía, fluye y se sincera a la hora de hablar de estados de ánimo. Y es ahí, cuando mi ánimo flaquea, que reflexiono sobre una filosofía de vida bastante barata que claramente me involucra e involucra a la gente más cercana, tocada de lleno o en parte por mi bipolaridad. El ánimo flaco, que no se alimenta, es el más propenso a enfermar hasta perder la cordura. Propenso a ser atacado por miedos y dudas, donde las inseguridades toman el control, encarcelando a la mejor parte de mi: el
¿Será mi culpa dejarme gobernar por instintos pocos saludables? Caer en estos pozos es un acto bastante imprudente. Pero conozco el camino, creo saber por dónde andar.. ¿hasta dónde ajustar la cuerda? ¿cuándo tirar de ella? ¿cuándo aflojar o desatar? Algunas veces mi capacidad de autocontrol, sobrepasa mis límites.
Siento como si deseara escarbar el agujero de mi pecho y arrancar la mala hierba para volver a la tranquilidad y serenidad que tanto necesito.
"Y aunque yo me aferre con la fuerza de un millón de soles,
y me arranque con las manos el alma"
Pero hay momentos que alcanzar esa "simil" paz, lleva un trabajo y una dedicación que no puedo tener ahora. Asumo que en estos momentos no puedo.Ni siquiera sé del por qué de la razón de estar escribiendo esto. Simplemente tengo malos días. Pero tengo derecho a tenerlos.
No encuentro la forma de hacer algo por mí misma. Debo buscar todas aquellas cosas cosas que hacen sacar lo mejor de mi desde lo peor que me cubre ahora. Y ni siquiera se si todo lo que pasa ahora se va a solucionar con algo tan simple y complicado como el tiempo.
Agradecería que algo apareciera;
En fin, bienvenidos al ruedo. Nuevamente
23.11.10
Alma
La luz encandilaba mi mirada, y el sordo grito de mi alma me despertaron de mi sueño. Había durado unos cuantos pocos minutos, pero los suficientes para desatar la tragedia. Volvi a escuchar gritos, pero esta vez provenían del lado del acompañante, la luz se acercaba cada vez más y no fueron suficientes los esfuerzos de pegar el volantazo y tirarme a la banquina. 16 ruedas nos dieron de lleno, y un acoplado terminó sobre nosotros. Sólo veía fierros y a vos. Tenía la esperanza de que respiraras, pero no pude hacer nada porque al instante, entre fierros, sangre, combustible y gemidos de dolor, me desvanecí.
Entré en una parte irreconocible de mi, donde todos mis pensamientos vagaban de un lado al otro, sin rumbo fijo. Si todo estaba bien, estabamos contentos porque todo había salido bien. Habían sido los mejores cuatro días de mi vida, eso es irremplazable. Pero todo eso quedaba en el olvido, ¿qué pasaba?
Escuchaba voces lejanas, acompañadas de un constante silbido proveniente de no se dónde pero que hacían eco en mi oído. Las voces, hablaban de a ratos y en otros callaban.
"No pasa de dos horas" "Aparentemente no traía luces delanteras" "¿Llamaron a la ambulancia?"
Desperté, y me encontraba en la acera, tirado y malherido, con un dolor punzante en el muslo y al intentar verme, las naúseas me frenaron. Tenía un pedazo de parabrisas en el muslo, cortandolo todo. Una voz me advirtió que no me moviera y que pronto me vendrían a buscar para llevarme al hospital. Con un hilo de voz, pregunté por quien me tenía en vilo, pero no alcancé a escuchar la respuesta, sólo un lejano bisbiseo pues volví a desvancerme.
Retorné a la realidad varias horas después. Y al despertar me vi, tirado en una camilla, pero no fue como verme desde la camilla, fue verme fuera de ella. Como si estuviera viendo un retrato, una imagen desgastada y borrosa de mi. Veía tanta gente a mi alrededor, veía mi herida en la pierna y las personas hablaban todas a la vez, sus voces eran como zumbidos preocupados y alterados por intentar revivir una inerte masa.
Me di lástima, angustia y preocupación. Mi corazón no daba señales aceptables de vida, repiqueteaba tan silencioso. Se apagaba lentamente, mientras los médicos buscaban una solución a corto plazo, porque a largo plazo no iba a resistir. Todo eso veía mientras estaba alli como la sombra de mi mismo, observando desde lo lejano. Supuse que era mi alma, pero me negaba a aceptarlo plenamente porque nunca fui lo suficientemente creyente como para creer en eso del desprendimiento del alma sobre el cuerpo.
Pero me veía como un espectro de mi conciencia e inconsciencia a la vez, observando y reflexionando sobre la imagen que percibía con estos ojos que sentía que ya no eran míos, ni mis manos, ni mi cuerpo. Me había desprendido de él y no sabía qué sería de mi.
¿Esto era temporal, pasajero? ¿O era eterno? Practicando un balance, ¿qué me tocaría ahora? ¿El cielo o el infierno? ¿O que otra cosa? Nunca creí en eso del cielo e infierno, si el bien y el mal existen, pero... ahora todas las preguntas se agolpan en mi ¿mente? o sea lo que sea que tengo ahora, que soy un ánima. No se que me deparará el futuro, si es que lo tengo.
¿Estoy vivo? ¿O muerto? ¿Estoy? ¿O soy?
Lentamente salí de la habitación blanca donde sobre ese plano reposaba mi cuerpo, mi antigua morada. Salí y me fui lejos, caminé por lados que nunca había caminado. Vi la desolación, los niños que hacen malabares en el semáforo por unas monedas, vi un ciruja que juntaba los cartones y otros que revolvían la basura. Otros que apresurados por las calles corren con su teléfono celular en mano, otros despreocupados, otros que cruzan en rojo, otros que insultan, otros que despilfarran en fastuosos objetos y opíparas comidas, y ¿qué realidad era aquella donde estaba parado?
¿Por qué jamás me preocuparon aquellas sencillas cosas, importantes ahora? ¿Por qué nunca les presté atención? ¿Por qué vivía enfrascado en un mundo tan hueco, bizarro y sin sentimientos? Austero.
Era un animal dentro de la manada, que corría y seguía el curso del agua. Y la pregunta más importante, ¿por qué ahora me interesaba todo aquello que había ignorado antes? Necesite llegar hasta el extremo más extremo para entender dónde me encontraba, y ahora es bastante tarde porque no tengo fuerzas, no puedo asir los objetos, no puedo comunicarme, no puedo hacer algo. No tengo unas manos fuertes, no puedo gritar, no puedo movilizarme, no puedo. Todo ello tendría que haberlo hecho mientras formaba parte de un único ser: alma y cuerpo.
- Despejen. Habrá que hacer masaje cardíaco, no puede irse así- escuché. Las voces estaban entre un dejo y el esclarecimiento. Tras una breve descarga, logré rescatarme de ese pozo donde había caído. Aquella ventana hacia la verdad.
Tum tum. El corazón volvía a sonar.
-Está estable- una somnolencia me dominó y cai nuevamente en la inconsciencia, esta vez, era más tranquila
Entré en una parte irreconocible de mi, donde todos mis pensamientos vagaban de un lado al otro, sin rumbo fijo. Si todo estaba bien, estabamos contentos porque todo había salido bien. Habían sido los mejores cuatro días de mi vida, eso es irremplazable. Pero todo eso quedaba en el olvido, ¿qué pasaba?
Escuchaba voces lejanas, acompañadas de un constante silbido proveniente de no se dónde pero que hacían eco en mi oído. Las voces, hablaban de a ratos y en otros callaban.
"No pasa de dos horas" "Aparentemente no traía luces delanteras" "¿Llamaron a la ambulancia?"
Desperté, y me encontraba en la acera, tirado y malherido, con un dolor punzante en el muslo y al intentar verme, las naúseas me frenaron. Tenía un pedazo de parabrisas en el muslo, cortandolo todo. Una voz me advirtió que no me moviera y que pronto me vendrían a buscar para llevarme al hospital. Con un hilo de voz, pregunté por quien me tenía en vilo, pero no alcancé a escuchar la respuesta, sólo un lejano bisbiseo pues volví a desvancerme.
Retorné a la realidad varias horas después. Y al despertar me vi, tirado en una camilla, pero no fue como verme desde la camilla, fue verme fuera de ella. Como si estuviera viendo un retrato, una imagen desgastada y borrosa de mi. Veía tanta gente a mi alrededor, veía mi herida en la pierna y las personas hablaban todas a la vez, sus voces eran como zumbidos preocupados y alterados por intentar revivir una inerte masa.
Me di lástima, angustia y preocupación. Mi corazón no daba señales aceptables de vida, repiqueteaba tan silencioso. Se apagaba lentamente, mientras los médicos buscaban una solución a corto plazo, porque a largo plazo no iba a resistir. Todo eso veía mientras estaba alli como la sombra de mi mismo, observando desde lo lejano. Supuse que era mi alma, pero me negaba a aceptarlo plenamente porque nunca fui lo suficientemente creyente como para creer en eso del desprendimiento del alma sobre el cuerpo.
Pero me veía como un espectro de mi conciencia e inconsciencia a la vez, observando y reflexionando sobre la imagen que percibía con estos ojos que sentía que ya no eran míos, ni mis manos, ni mi cuerpo. Me había desprendido de él y no sabía qué sería de mi.
¿Esto era temporal, pasajero? ¿O era eterno? Practicando un balance, ¿qué me tocaría ahora? ¿El cielo o el infierno? ¿O que otra cosa? Nunca creí en eso del cielo e infierno, si el bien y el mal existen, pero... ahora todas las preguntas se agolpan en mi ¿mente? o sea lo que sea que tengo ahora, que soy un ánima. No se que me deparará el futuro, si es que lo tengo.
¿Estoy vivo? ¿O muerto? ¿Estoy? ¿O soy?
Lentamente salí de la habitación blanca donde sobre ese plano reposaba mi cuerpo, mi antigua morada. Salí y me fui lejos, caminé por lados que nunca había caminado. Vi la desolación, los niños que hacen malabares en el semáforo por unas monedas, vi un ciruja que juntaba los cartones y otros que revolvían la basura. Otros que apresurados por las calles corren con su teléfono celular en mano, otros despreocupados, otros que cruzan en rojo, otros que insultan, otros que despilfarran en fastuosos objetos y opíparas comidas, y ¿qué realidad era aquella donde estaba parado?
¿Por qué jamás me preocuparon aquellas sencillas cosas, importantes ahora? ¿Por qué nunca les presté atención? ¿Por qué vivía enfrascado en un mundo tan hueco, bizarro y sin sentimientos? Austero.
Era un animal dentro de la manada, que corría y seguía el curso del agua. Y la pregunta más importante, ¿por qué ahora me interesaba todo aquello que había ignorado antes? Necesite llegar hasta el extremo más extremo para entender dónde me encontraba, y ahora es bastante tarde porque no tengo fuerzas, no puedo asir los objetos, no puedo comunicarme, no puedo hacer algo. No tengo unas manos fuertes, no puedo gritar, no puedo movilizarme, no puedo. Todo ello tendría que haberlo hecho mientras formaba parte de un único ser: alma y cuerpo.
- Despejen. Habrá que hacer masaje cardíaco, no puede irse así- escuché. Las voces estaban entre un dejo y el esclarecimiento. Tras una breve descarga, logré rescatarme de ese pozo donde había caído. Aquella ventana hacia la verdad.
Tum tum. El corazón volvía a sonar.
-Está estable- una somnolencia me dominó y cai nuevamente en la inconsciencia, esta vez, era más tranquila
5.11.10
Al ex-combatiente
En sus sueños sólo había explosiones. Sólo horror y muerte. Su mente era un infierno al cual deseaba escapar con urgencia, necesidad. En vida era un desastre porque para él había muerto a miles de kilómetros de esta ciudad, en las heladas tierras del atlántico.
No puede olvidar su pasado, porque está impregnado de él, en vida y muerte. Sueño y realidad. Fue un destino que él no quiso, obligado a defender la patria de un enemigo mortal, del lado de una nación ya en ruinas que se encontraba dando los últimos manotazos de ahogado.
"Estamos ganando", pero él perdía, ellos perdían, todos perdían. Jamás pensó que no podría volver a ser lo que era antes, le fue arrebatada la juventud y las ganas de vivir. Aquellos uniformados que les obligaban a pelear contra el enemigo, les habían robado todo, la vida, la muerte, la tranquilidad, ni siquiera disfrutada en sueños.
El único campo de batalla en el que podrían vencer las bestias de aquel infierno no consumado, era en el de la desinterés por la vida humana, la no preservación de los derechos humanos y la feroz negativa ante lo que todo el mundo, sabía, pero que prefería callar. Eran dueños de la verdad y la mentira, y de la vida de miles de jóvenes obligados, reitero a defender una patria, deformada por la falta de escrúpulos de un gobierno nefasto.
Su presente se conecta a ese pasado cercano, del cuál no puede desprenderse porque claramente no puede. Porque los recuerdos lo persiguen hasta en los sueños. No puede evitar recordar las bombas, las noches frías en las trincheras, las tazas de matecocido y un cacho de pan, mientras que la sociedad comprometida con aquellos héroes enviaban chocolates, regalaban sus joyas y daban lo poco que tenía. Eso poco que quedaba justamente en manos de pocos, pero no de quiénes las necesitaban.
Puede que muchos hayan olvidado tu propósito anestesiado al cual debiste doblegarte por no tener otra, pero vos no podés olvidar a los "muertos en combate en honor a la patria", combate injusto desde el vamos, injusto por no llegarle ni a los talones a los ingleses que a la primera de cambio nos hicieron mierda; injusto porque una guerra haya sido llevada a cabo por un "gobierno" que no tenía la capacidad de afrontarla. Una insípida e innecesaria guerra.
Ejecutaron el mismo procedimiento sistemático que en la Argentina continental, aportando 649 víctimas en suelo isleño a la sangrienta lista, víctima de la dictadura más cruenta que pudo ver el país.
649, más todos aquellos que no soportaron el infierno después de la guerra y todos aquellos que perdían a sus seres más queridos, él perdía, ellos perdían, todos perdían. Eran fichas de dominó, que caían sin parar.
Era increíble tanta miseria, todos los inescrupulosos que decían que acá no pasaba nada, que los argentinos eramos derechos y humanos mientras se mataban a centenares y miles de inocentes, y a otros que tal vez no los eran pero que merecen el trato que se le brinda a todo ser humano, un juicio justo y su respectivo cumplimiento de la condena y no la tortura sistemática ejercida. Es más, mucho más increíble que hasta aquellos torturadores y ejecutores del terrorismo de estado hayan tenido la suerte de haber sido indultados y liberados de las atrocidades que cometían contra la sociedad civil, gracias a las leyes de obediencia debida y punto final.
Él sólo busca un poco de paz en este infierno, porque ya que no puede escapar del horror, quiere por lo menos sobrevivir, un tiempo más como lo viene haciendo desde hace 28 años, porque él es un muerto en vida, dejó su sangre y su estela allá y hoy tiene que renacer de las cenizas, de lo poco que le queda.
No puede olvidar su pasado, porque está impregnado de él, en vida y muerte. Sueño y realidad. Fue un destino que él no quiso, obligado a defender la patria de un enemigo mortal, del lado de una nación ya en ruinas que se encontraba dando los últimos manotazos de ahogado.
"Estamos ganando", pero él perdía, ellos perdían, todos perdían. Jamás pensó que no podría volver a ser lo que era antes, le fue arrebatada la juventud y las ganas de vivir. Aquellos uniformados que les obligaban a pelear contra el enemigo, les habían robado todo, la vida, la muerte, la tranquilidad, ni siquiera disfrutada en sueños.
El único campo de batalla en el que podrían vencer las bestias de aquel infierno no consumado, era en el de la desinterés por la vida humana, la no preservación de los derechos humanos y la feroz negativa ante lo que todo el mundo, sabía, pero que prefería callar. Eran dueños de la verdad y la mentira, y de la vida de miles de jóvenes obligados, reitero a defender una patria, deformada por la falta de escrúpulos de un gobierno nefasto.
Su presente se conecta a ese pasado cercano, del cuál no puede desprenderse porque claramente no puede. Porque los recuerdos lo persiguen hasta en los sueños. No puede evitar recordar las bombas, las noches frías en las trincheras, las tazas de matecocido y un cacho de pan, mientras que la sociedad comprometida con aquellos héroes enviaban chocolates, regalaban sus joyas y daban lo poco que tenía. Eso poco que quedaba justamente en manos de pocos, pero no de quiénes las necesitaban.
Puede que muchos hayan olvidado tu propósito anestesiado al cual debiste doblegarte por no tener otra, pero vos no podés olvidar a los "muertos en combate en honor a la patria", combate injusto desde el vamos, injusto por no llegarle ni a los talones a los ingleses que a la primera de cambio nos hicieron mierda; injusto porque una guerra haya sido llevada a cabo por un "
Ejecutaron el mismo procedimiento sistemático que en la Argentina continental, aportando 649 víctimas en suelo isleño a la sangrienta lista, víctima de la dictadura más cruenta que pudo ver el país.
649, más todos aquellos que no soportaron el infierno después de la guerra y todos aquellos que perdían a sus seres más queridos, él perdía, ellos perdían, todos perdían. Eran fichas de dominó, que caían sin parar.
Era increíble tanta miseria, todos los inescrupulosos que decían que acá no pasaba nada, que los argentinos eramos derechos y humanos mientras se mataban a centenares y miles de inocentes, y a otros que tal vez no los eran pero que merecen el trato que se le brinda a todo ser humano, un juicio justo y su respectivo cumplimiento de la condena y no la tortura sistemática ejercida. Es más, mucho más increíble que hasta aquellos torturadores y ejecutores del terrorismo de estado hayan tenido la suerte de haber sido indultados y liberados de las atrocidades que cometían contra la sociedad civil, gracias a las leyes de obediencia debida y punto final.
Él sólo busca un poco de paz en este infierno, porque ya que no puede escapar del horror, quiere por lo menos sobrevivir, un tiempo más como lo viene haciendo desde hace 28 años, porque él es un muerto en vida, dejó su sangre y su estela allá y hoy tiene que renacer de las cenizas, de lo poco que le queda.
22.10.10
El Gorrión
Tomó un camino bastante estrafalario, bastante raro. La maleza le llegaba a las rodillas, pero era tranquila. Era una pradera verde, ya con tintes amarillos. Vio su proceder, se notaba por dónde había caminado, los pastizales aplastados por sus pies dejaban la señal de su remolinado caminar.
El verdor aplastado, no dejaba más resultados que figuras histriónicas en la maleza, ya inclinada por la brisa veraniega. Ahora el inclinamiento llegaba a la tierra fértil, de donde habían salido alguna vez, dando las primeras señales de vida. Las figuras, no dejaban más que pasos y él no dejaba más que figuras.
Comenzó a tararear una canción conocida para él, era aquella que su madre le cantaba cada noche para que conciliara el sueño. Tenía tan adherida a la mente esa melodía que cada vez que la recordaba sentía que su madre estaba allí, frente a él, tarareando a la par. Esas pocas tonadas eran ya un tesoro, un tesoro más valioso que cualquier piedra preciosa con la que pudiera toparse en toda su estéril vida.
Marchaba sin un rumbo fijo, siempre hacia adelante, hacia a aquella línea interminable, el horizonte, custodiada por una eterna fila de pastizales y unos cuantos árboles. Caminar sin rumbo con el único objetivo de seguir, andar andando, con los pies, con su fuerza de voluntad. Sólo andando, por el mero hecho de andar.
A lo lejos escuchó el pequeño sonido, un arrullo constante, al parecer estaba pasando por allí un arroyito, aledaño al poblado más cercano. Y así sintió que un nuevo objetivo había cumplido. Llegar sin rumbo a algún lado, desde aquel crudo invierno en el que dijo a su madre que se iba, lejos. Y aún con el reproche en los ojos de su padre y el desconsuelo en los de su madre, se marchó.
El canto de un pájaro, al parecer un gorrión, llamó su atención. Acompañó su canto, como él tarareaba la canción de cuna de su madre, el gorrión cantaba. Y así dispusieron los dos a cantar, sin ningún sentido, sólo sentían la soledad. Tal vez aquel emplumado, como lo estaría haciendo su madre, estaría esperando a alguien más o tal vez lo estaría buscando. Era un canto desesperado, ansiando que en algún momento esa persona querida aparezca revoloteando cerca del nido. Se sintió extraño al comparar a un simple gorrión con su madre.
Sintió la añoranza de los días en que jugaba por el patio y por la casa, y la cantidad de veces que aquella mujer, con manos fuerte para el trabajo y débiles como una dama lo resguardaba de la oscuridad, del miedo y de los golpes de su padre. Pero él ahora era un hombre entrado en años, y el pequeño jovenzuelo que rompía los vidrios era ya un hombre, hecho y derecho.
Mientras caminaba, pensaba todo esto. Y así en los vaivenes entre conciencia, recuerdos e inconciencia, percibió los primeros vestigios de un pueblo. Por primera vez encontró un camino y a lo lejos ya se veían las casas y el humo saliendo por las chimeneas. ¿Cuántas mujeres, así como su madre lo hizo durante más de 20 años, estarían en estos momentos haciendo el puchero en la cocina a leña, para el marido que viene de trabajar como peón en el campo? ¿Y cuántas estarán jugueteando con sus pequeñuelos, de cachetes colorados y el rostro lleno de pecas? ¿Cuántas estarían en el arroyo lavando la ropa? ¿Cuántas?
Y también pensó, ¿cuántas estarían despilfarrando el dinero en viajes y cosméticos? ¿Cuántas estarían despilfarrando la luz solar, después de haber vivido "por la noche"? Pensó que ninguna de ellas, estaría en estos momentos lavando la ropa, cocinando y cuidando a sus niños. Ellos estarían a cargo de otra mujer, que se encargara de todo aquello.
Se adentró en el pequeño poblado, un precario cartel lo hacía llamar:
El verdor aplastado, no dejaba más resultados que figuras histriónicas en la maleza, ya inclinada por la brisa veraniega. Ahora el inclinamiento llegaba a la tierra fértil, de donde habían salido alguna vez, dando las primeras señales de vida. Las figuras, no dejaban más que pasos y él no dejaba más que figuras.
Comenzó a tararear una canción conocida para él, era aquella que su madre le cantaba cada noche para que conciliara el sueño. Tenía tan adherida a la mente esa melodía que cada vez que la recordaba sentía que su madre estaba allí, frente a él, tarareando a la par. Esas pocas tonadas eran ya un tesoro, un tesoro más valioso que cualquier piedra preciosa con la que pudiera toparse en toda su estéril vida.
Marchaba sin un rumbo fijo, siempre hacia adelante, hacia a aquella línea interminable, el horizonte, custodiada por una eterna fila de pastizales y unos cuantos árboles. Caminar sin rumbo con el único objetivo de seguir, andar andando, con los pies, con su fuerza de voluntad. Sólo andando, por el mero hecho de andar.
A lo lejos escuchó el pequeño sonido, un arrullo constante, al parecer estaba pasando por allí un arroyito, aledaño al poblado más cercano. Y así sintió que un nuevo objetivo había cumplido. Llegar sin rumbo a algún lado, desde aquel crudo invierno en el que dijo a su madre que se iba, lejos. Y aún con el reproche en los ojos de su padre y el desconsuelo en los de su madre, se marchó.
El canto de un pájaro, al parecer un gorrión, llamó su atención. Acompañó su canto, como él tarareaba la canción de cuna de su madre, el gorrión cantaba. Y así dispusieron los dos a cantar, sin ningún sentido, sólo sentían la soledad. Tal vez aquel emplumado, como lo estaría haciendo su madre, estaría esperando a alguien más o tal vez lo estaría buscando. Era un canto desesperado, ansiando que en algún momento esa persona querida aparezca revoloteando cerca del nido. Se sintió extraño al comparar a un simple gorrión con su madre.
Sintió la añoranza de los días en que jugaba por el patio y por la casa, y la cantidad de veces que aquella mujer, con manos fuerte para el trabajo y débiles como una dama lo resguardaba de la oscuridad, del miedo y de los golpes de su padre. Pero él ahora era un hombre entrado en años, y el pequeño jovenzuelo que rompía los vidrios era ya un hombre, hecho y derecho.
Mientras caminaba, pensaba todo esto. Y así en los vaivenes entre conciencia, recuerdos e inconciencia, percibió los primeros vestigios de un pueblo. Por primera vez encontró un camino y a lo lejos ya se veían las casas y el humo saliendo por las chimeneas. ¿Cuántas mujeres, así como su madre lo hizo durante más de 20 años, estarían en estos momentos haciendo el puchero en la cocina a leña, para el marido que viene de trabajar como peón en el campo? ¿Y cuántas estarán jugueteando con sus pequeñuelos, de cachetes colorados y el rostro lleno de pecas? ¿Cuántas estarían en el arroyo lavando la ropa? ¿Cuántas?
Y también pensó, ¿cuántas estarían despilfarrando el dinero en viajes y cosméticos? ¿Cuántas estarían despilfarrando la luz solar, después de haber vivido "por la noche"? Pensó que ninguna de ellas, estaría en estos momentos lavando la ropa, cocinando y cuidando a sus niños. Ellos estarían a cargo de otra mujer, que se encargara de todo aquello.
Se adentró en el pequeño poblado, un precario cartel lo hacía llamar:
"El Gorrión. -258 hab.-"
Ahora él sería el habitante número 259, aunque sólo sea por unos meses. Hasta que decida marcharse de nuevo,
siempre lejos de casa.
15.10.10
NO title
Era un conjunto de cosas que cada vez que las rememoraba, le hacían daño. Aún no había encontrado la forma de desterrar los malos momentos, no había planteado su faceta de inventor para crear esa manera. No quería jugar a ser "Dios". Traer y llevar, vivir y morir.
Las cosas no estaban bien, no encontraba el camino para llegar a algún lado, no tenía claro de dónde debía llegar, no tenía bandera de largada. Supuestamente la luz verde nunca se daría. Estaba en una prisión, de cuatro paredes, hechas de cristales, para poder ver lo que hay del otro lado. Los vidrios se empañaban por su propia respiración, su propio impulso. ¿Qué iba a pasar cuándo no pudiera ver nada más? ¿Tendría que continuar a ciegas, tanteando? ¿O plantarse ahí, siempre en el mismo lugar?
Bien dice una frase:
Las cosas no estaban bien, no encontraba el camino para llegar a algún lado, no tenía claro de dónde debía llegar, no tenía bandera de largada. Supuestamente la luz verde nunca se daría. Estaba en una prisión, de cuatro paredes, hechas de cristales, para poder ver lo que hay del otro lado. Los vidrios se empañaban por su propia respiración, su propio impulso. ¿Qué iba a pasar cuándo no pudiera ver nada más? ¿Tendría que continuar a ciegas, tanteando? ¿O plantarse ahí, siempre en el mismo lugar?
Bien dice una frase:
Soy la única pasajera de un tren que va desierto. Un vagón colmado de recuerdos, que llega a los confines de la memoria. Última estación: tu corazón. Allí el vagón descargará todo lo malo que dejaste en mí. Te lo vas a quedar, lo vas a ver y reveer. Mientras que yo, marcharé feliz o por lo menos con una cierta tranquilidad de haber realizado en parte mi cometido de olvidarte. Si te dejo mis malos recuerdos, será un buen paso para olvidar la peor parte de vos. Me quedaré con los buenos, hasta que por más que no quiera; olvidaré hasta la más insignificante señal de que alguna vez formaste parte de lo vivido. Te transfomarás en el olvido, sin más ni más."La idiotez parece ser moneda fuerte. Tal vez porque de idiotas se nutre la maldad. Se impone sobre el bien"
13.10.10
Ruleta
La ruleta gira sin parar. Hoy negro, hoy rojo. Mañana no se sabe. Mañana podría tirar de nuevo y salir algo diferente. Yo no busco realidad ni fantasía, no busco fortunas, riquezas ni gloria. Sólo busco subsistir, seguir sobreviviendo, ya que a cuestas tuyo no lo conseguí. Tendré que encontrar y saber aprovechar nuevas formas de energía. Habrá que renovarse, renovar el aire, el aire fresco y frío me va a hacer bien. Me hace bien.
Busco la indiferencia del mundo porque ya a estas alturas me adormecieron la cara a trompadas, me ahonda en el pecho la herida de "tu" indiferencia, la que tanto evite, ahora sin querer la encontré.
Hay algunos que creen que para sergente necesitan demostrar su ego, su superioridad, su estupidez humana. A mi entender sólo basta con mostrar las debilidades. Ahí es donde se encuentran las actitudes positivas y negativas de la personalidad.
La vida tiene cosas fuleras, pero uno tiene que saber cómo darlas vueltas, cómo revertirlas. Hay que ponerse en rebeldía y bancarse esas cosas, fuleras y no tantas. Hay que roer el hueso a más no poder y dejar algo nuevo y usado. Nuevo, de tanto roer se deforma y usado porque por más que no querramos forma parte de nuestro pasado, es parte de nosotros mismos, nos forma como comunidad y como individuo.
Busco la indiferencia del mundo porque ya a estas alturas me adormecieron la cara a trompadas, me ahonda en el pecho la herida de "tu" indiferencia, la que tanto evite, ahora sin querer la encontré.
Hay algunos que creen que para ser
La vida tiene cosas fuleras, pero uno tiene que saber cómo darlas vueltas, cómo revertirlas. Hay que ponerse en rebeldía y bancarse esas cosas, fuleras y no tantas. Hay que roer el hueso a más no poder y dejar algo nuevo y usado. Nuevo, de tanto roer se deforma y usado porque por más que no querramos forma parte de nuestro pasado, es parte de nosotros mismos, nos forma como comunidad y como individuo.
9.10.10
Soy aquel
Si, soy. Soy aquel que habla por los que no tienen voz. Aquel que calla por los que hablan de más. Soy aquel que corre por quienes no se mueven, soy aquel que se queda atrás para que otros pasen. Soy aquel que espera, que deja, que atrae, que guarda, que respira...
Soy aquel que se mueve para que otros lo vean y lo imiten, soy aquel que se pone el disfraz de estatua para que otros lo envidien.
Soy aquel que calla y otorga, soy aquel que habla y corrompe. Soy aquel que no tiene miedo por aquellos que lo tienen, soy aquel que espera dentro del caparazón, con recelo al exterior. Mundo inseguro.
Soy aquel, soy. Soy aquel que encuentra alivio y se sofoca. Soy aquel que se ampolla las manos carpiendo las mentes. Soy aquel que dona sus manos a quienes no pueden.
Soy aquel que dice todo, y a la vez no dice nada. También soy aquel que en el silencio se refugia, se escuda y desde allí observa.
Soy aquel que escucha hasta el más simple sonido y saca conclusiones... sin sentido y austeras.
Soy aquel que se dispone salvar el mundo pero que abandona prontamente porque no puede salvarse ni a sí mismo. Soy aquel que necesita ayuda pero que es lo suficientemente orgulloso como para pedirla. Soy aquel que le encanta profundizar, pero ama la sencillez.
Soy aquel que se amolda, soy aquel al que todo le cuesta. Soy aquel que hoy marcha, que hoy sostiene una bandera, que hoy persigue un objetivo y a la vez se queda en el molde, dejándose caer.
Soy aquel que busca un ideal, soy aquel que lleva a cabo esta huelga, una huelga a la incertidumbre y al ideal utópico de un mundo mejor.
Soy aquel que hace y al pasar lo deshace. Soy aquel que trata de ganar tu corazón, pero no hace más que perder. Soy aquel que tiene miedo al amor.
Soy aquel que no tiene razones, ni propósitos, ni siquiera un sentimiento. Soy aquel que dice la verdad, cuando en realidad encubre una mentira. Soy aquel que odia la mentira, es lo que retrasa al mundo.
Soy aquel que quiere llegar al final, pero no lo encuentra ni lo ve a lo lejos porque ni siquiera conoce su principio.
Soy aquel que vive, muere y resucita, renace de sus propias cenizas como el ave fénix. Soy aquel que busca tu felicidad aunque cueste la suya propia.
Soy aquel que no sabe quién es, pero igual sigue probando. Soy aquel que no va a decirte por qué le duele, pero que intenta de manera irracional saber por qué a vos sí.
Soy aquel que se va y al rato vuelve, porque no se soporta. Soy aquel que le tocan las malas porque regala las pocas buenas.
Soy aquel que es demasiado contradictorio, lo sé. Pero, soy aquel.
Soy aquel que se mueve para que otros lo vean y lo imiten, soy aquel que se pone el disfraz de estatua para que otros lo envidien.
Soy aquel que calla y otorga, soy aquel que habla y corrompe. Soy aquel que no tiene miedo por aquellos que lo tienen, soy aquel que espera dentro del caparazón, con recelo al exterior. Mundo inseguro.
Soy aquel, soy. Soy aquel que encuentra alivio y se sofoca. Soy aquel que se ampolla las manos carpiendo las mentes. Soy aquel que dona sus manos a quienes no pueden.
Soy aquel que dice todo, y a la vez no dice nada. También soy aquel que en el silencio se refugia, se escuda y desde allí observa.
Soy aquel que escucha hasta el más simple sonido y saca conclusiones... sin sentido y austeras.
Soy aquel que se dispone salvar el mundo pero que abandona prontamente porque no puede salvarse ni a sí mismo. Soy aquel que necesita ayuda pero que es lo suficientemente orgulloso como para pedirla. Soy aquel que le encanta profundizar, pero ama la sencillez.
Soy aquel que se amolda, soy aquel al que todo le cuesta. Soy aquel que hoy marcha, que hoy sostiene una bandera, que hoy persigue un objetivo y a la vez se queda en el molde, dejándose caer.
Soy aquel que busca un ideal, soy aquel que lleva a cabo esta huelga, una huelga a la incertidumbre y al ideal utópico de un mundo mejor.
Soy aquel que hace y al pasar lo deshace. Soy aquel que trata de ganar tu corazón, pero no hace más que perder. Soy aquel que tiene miedo al amor.
Soy aquel que no tiene razones, ni propósitos, ni siquiera un sentimiento. Soy aquel que dice la verdad, cuando en realidad encubre una mentira. Soy aquel que odia la mentira, es lo que retrasa al mundo.
Soy aquel que quiere llegar al final, pero no lo encuentra ni lo ve a lo lejos porque ni siquiera conoce su principio.
Soy aquel que vive, muere y resucita, renace de sus propias cenizas como el ave fénix. Soy aquel que busca tu felicidad aunque cueste la suya propia.
Soy aquel que no sabe quién es, pero igual sigue probando. Soy aquel que no va a decirte por qué le duele, pero que intenta de manera irracional saber por qué a vos sí.
Soy aquel que se va y al rato vuelve, porque no se soporta. Soy aquel que le tocan las malas porque regala las pocas buenas.
Soy aquel que es demasiado contradictorio, lo sé. Pero, soy aquel.
7.10.10
Juan Pérez
Había podido empezar por decir, hablar de cosas lindas como pájaros, árboles y flores y decir que son cosas hermosas de la vida, pero no lo fue a hacer. Había podido decir que en esta ciudad se siente la soledad en carne propia, pero seguramente no tendría el arte y el maleficio para hacerlo realidad y hacerte sentir lo que siente.
Había podido hacer y no hacer nada, podría haberte dicho cosas y podría ocultarte otras miles, ya verás que no es nada lindo quedarse haciendo pie, como se pueda. Sin esperanza.
Había podido hacer miles de melodías, que representen la vida diaria de la vida, podría decir miles de cosas, pero, ¿a quién se las diría? Sólo pudo decir que no tuvo un amigo de verdad. Un ser que haya escuchado las barbaridades y disparates que tenía para decir. Esas que se esperan que no haya problema en decirlas, que se critiquen sólo si fuera necesario.
Estaba solo en el mundo, un mundo desterrado de todo sentimiento de amor, un mundo dónde pululaba el odio y la mentira, el asco de vivir un día más, un mundo corrupto y corroído por igual a dónde fuera. No tenía un amigo de verdad.
Sentado solo en un banco, con una valija marrón café a su lado y con una apariencia decrépita a sus veintidos años, sus pensamientos vagaban por un mar de infelicidad. Había tomado su decisión, era lo mismo estar solo aquí en la gran ciudad o lejos. Estaría solo de todos modos.
Ya no confiaba en el amor, sólo creía en la hipocresía de la vida, pues ninguna persona le había enseñado que las cosas podían ser diferentes. Se quedó con la primera mano, las cartas eran malas, cantó truco y la vida le dijo quiero, cantó re truco y la mentira le mostró el ancho de espadas clavado en la frente. Él era un cuatro de copas, no podía ganar por más garra que le pusiera.
Él era su propio Juez, Jurado y en estos casos hasta su propio verdugo. Acusado, Fiscal y abogado defensor. Quería gritar e implorar, implorar misericordia a un Dios inexistente, a alguien que de la cara y le dijera por qué se había quedado solo.
El divagar de sus pensamientos se cortó por la bocina del tren. Se levantó con pesar y tristeza del banco, miró con extrañeza a un perro blanco que estaba a su lado y a las moscas que lo rodeaban, y se sintió aún más miserable. Hasta aquel perro sarnozo podía disfrutar de otro ser que lo acompañase en su trivial vida de perro callejero.
Ya se veían las primeras imágenes del vagón locomotor y veía su primitiva vida de niño burgués ante sus ojos, niño-jóven que buscaba salirse de todo ello que había caracterizado sus primeros años en este mundo. No quería lo moldeado para él, quería algo nuevo, algo que le había costado la soledad, el amor y las ganas de ser una persona nueva, lejos de lo que hemos de llamar el capital de sus memorias.
Se estacionaba en el andén aquel que lo conduciría a un lugar nuevo, dónde seguiría estando solo, pero por lo menos sin el remordimiento de haber tenido la oportunidad de estar con alguien.
Decidió tomarse su tiempo para subir al tren, mientras reflexionaba un poco más. ¿Qué podría haber perdido? Ni siquiera sabía si había ganado, pero sacar un empate en momentos así, valen más que cualquier victoria y por goleada. Pasaban los minutos, los segundos y no sacaba conclusiones acertadas, sólo una: estaba solo, y el amor lo había engañado.
Sonó el clásico: "Todos a bordo" y sin más se lanzó a lo desconocido. Ahora no había nada, ni amigos, ni padres, ni amada. Ni perro flaco, ni moscas. Estaba solo en lo desconocido y le sentaba bien.
Se buscó un asiento junto a la ventana, y dejó de pensar en tonterías de niñito mimado de mamá, porque sólo por pensar que estaba en soledad, no solucionaría las cosas. Era tiempo de ser hombre y asumir lo que viniese.
El tren partió de la estación, con un ensordecido bocinazo y el vagón estaba habitado tristemente por tres personas. El guarda le pidió su boleto y él se lo enseñó. Verificó que no fuera un polizón, pero sabía que era un polizón de su propia vida, de su existir.
Se tomó el tren hacia el sur, allí le iba a ir bien. Juan Pérez se haría llamar ahora y nadie lo conocería, sería la oportunidad de ser lo que nunca fue en su vida: libre.
Había podido hacer y no hacer nada, podría haberte dicho cosas y podría ocultarte otras miles, ya verás que no es nada lindo quedarse haciendo pie, como se pueda. Sin esperanza.
Había podido hacer miles de melodías, que representen la vida diaria de la vida, podría decir miles de cosas, pero, ¿a quién se las diría? Sólo pudo decir que no tuvo un amigo de verdad. Un ser que haya escuchado las barbaridades y disparates que tenía para decir. Esas que se esperan que no haya problema en decirlas, que se critiquen sólo si fuera necesario.
Estaba solo en el mundo, un mundo desterrado de todo sentimiento de amor, un mundo dónde pululaba el odio y la mentira, el asco de vivir un día más, un mundo corrupto y corroído por igual a dónde fuera. No tenía un amigo de verdad.
Sentado solo en un banco, con una valija marrón café a su lado y con una apariencia decrépita a sus veintidos años, sus pensamientos vagaban por un mar de infelicidad. Había tomado su decisión, era lo mismo estar solo aquí en la gran ciudad o lejos. Estaría solo de todos modos.
Ya no confiaba en el amor, sólo creía en la hipocresía de la vida, pues ninguna persona le había enseñado que las cosas podían ser diferentes. Se quedó con la primera mano, las cartas eran malas, cantó truco y la vida le dijo quiero, cantó re truco y la mentira le mostró el ancho de espadas clavado en la frente. Él era un cuatro de copas, no podía ganar por más garra que le pusiera.
Él era su propio Juez, Jurado y en estos casos hasta su propio verdugo. Acusado, Fiscal y abogado defensor. Quería gritar e implorar, implorar misericordia a un Dios inexistente, a alguien que de la cara y le dijera por qué se había quedado solo.
El divagar de sus pensamientos se cortó por la bocina del tren. Se levantó con pesar y tristeza del banco, miró con extrañeza a un perro blanco que estaba a su lado y a las moscas que lo rodeaban, y se sintió aún más miserable. Hasta aquel perro sarnozo podía disfrutar de otro ser que lo acompañase en su trivial vida de perro callejero.
Ya se veían las primeras imágenes del vagón locomotor y veía su primitiva vida de niño burgués ante sus ojos, niño-jóven que buscaba salirse de todo ello que había caracterizado sus primeros años en este mundo. No quería lo moldeado para él, quería algo nuevo, algo que le había costado la soledad, el amor y las ganas de ser una persona nueva, lejos de lo que hemos de llamar el capital de sus memorias.
Se estacionaba en el andén aquel que lo conduciría a un lugar nuevo, dónde seguiría estando solo, pero por lo menos sin el remordimiento de haber tenido la oportunidad de estar con alguien.
Decidió tomarse su tiempo para subir al tren, mientras reflexionaba un poco más. ¿Qué podría haber perdido? Ni siquiera sabía si había ganado, pero sacar un empate en momentos así, valen más que cualquier victoria y por goleada. Pasaban los minutos, los segundos y no sacaba conclusiones acertadas, sólo una: estaba solo, y el amor lo había engañado.
Sonó el clásico: "Todos a bordo" y sin más se lanzó a lo desconocido. Ahora no había nada, ni amigos, ni padres, ni amada. Ni perro flaco, ni moscas. Estaba solo en lo desconocido y le sentaba bien.
Se buscó un asiento junto a la ventana, y dejó de pensar en tonterías de niñito mimado de mamá, porque sólo por pensar que estaba en soledad, no solucionaría las cosas. Era tiempo de ser hombre y asumir lo que viniese.
El tren partió de la estación, con un ensordecido bocinazo y el vagón estaba habitado tristemente por tres personas. El guarda le pidió su boleto y él se lo enseñó. Verificó que no fuera un polizón, pero sabía que era un polizón de su propia vida, de su existir.
Se tomó el tren hacia el sur, allí le iba a ir bien. Juan Pérez se haría llamar ahora y nadie lo conocería, sería la oportunidad de ser lo que nunca fue en su vida: libre.
2.10.10
Cuatro minutos
Son cuatro minutos, cuatro minutos. Hay tantas cosas que puedo decirte, que puedo sentir, pero aún así me quedo con toda esa magia negra dentro. No puedo emitir sonido. Que más daría por tenerte frente a mí para poder descargar la furia contenida que hoy sólo puedo sacar tirando un libro al suelo.
No sólo es furia, es una mezcla explosiva, furia, ganas de salirse de sí, ganas de llorar, de reír, de decirte cosas que jamás le diría a alguien, cosas sin sentido, con sentido, disparates, realidades y mentiras. Pero no voy a decirte verdades, porque no me has dicho ninguna. Cosecha lo que sembraste, sólo mala peste, mala yerba, no sirve ni para dar color, ni para dar sentido al paisaje. La mala yerba no combina con las flores.
Es un silencio solitario, un silencio que es a sí mismo es peligroso, es molesto e irritable. Si pudiera llenar cada hueco, lo haría. No quiero dejar un silencio, porque siento que el silencio te hace pensar y reflexionar. Eso no me serviría de nada, quiero decir estupideces y que salgan a borbotones como la sangre de un niño que ha caído de bruces a la vereda.
No sólo es furia, es una mezcla explosiva, furia, ganas de salirse de sí, ganas de llorar, de reír, de decirte cosas que jamás le diría a alguien, cosas sin sentido, con sentido, disparates, realidades y mentiras. Pero no voy a decirte verdades, porque no me has dicho ninguna. Cosecha lo que sembraste, sólo mala peste, mala yerba, no sirve ni para dar color, ni para dar sentido al paisaje. La mala yerba no combina con las flores.
Es un silencio solitario, un silencio que es a sí mismo es peligroso, es molesto e irritable. Si pudiera llenar cada hueco, lo haría. No quiero dejar un silencio, porque siento que el silencio te hace pensar y reflexionar. Eso no me serviría de nada, quiero decir estupideces y que salgan a borbotones como la sangre de un niño que ha caído de bruces a la vereda.
Quiero rasparme el corazón, rallarlo y eliminar cualquier vestigio de tu existencia. Sé que las heridas que se hacen nunca más se borran, pero por lo menos quiero encontrar un analgésico para olvidar el dolor por un tiempo, porque para siempre va a ser demasiado complicado. Pero no me resisto, voy a encontrar la fórmula rápido, porque empieza a surtir efecto.
Estoy buscando alguien que me de la mano sin lastimarme, sin prometer cosas en vano, cosas que después no se cumplen, estoy bastante suceptible con la verdad, creo que nada es verdad, todas son verdades como chivos expiatorios de otras mentiras. Quiero que me inviten a salir de lo que siento, quiero que no me suelten, ir juntos, y a la par.
25.9.10
Pronosticabas lo que iba a suceder
Y así fue, la incertidumbre se terminó y dio paso a lo que era un poco más que obvio. Esas dos cuadras me sentí como cordero marchando al matadero, sabe a dónde lo llevan y que es el final, pero aún así guarda una leve esperanza de que esté equivocado y que el dueño lo lleve a tomar un helado.
Pero en fin, si las cosas se dieron así, fue porque tal vez tenían que ser así. Y eso que no soy de esas personas que creen en el destino, me parece algo absurdo y banal. Algo sin sentido, confío en tener uno mismo la batuta de su vida y no caer en lo típico y cliché de dejarlo en manos de algo inestable como lo es el destino. Nadie se encarga de mi vida, a lo sumo lo haré yo.
·No se muy bien cómo patear fuerte al medio y no se cuándo tirar a colocar. Pero eso sí, no va a cambiar, voy a ser yo siempre el primero en patear·
Pero esta vez, no fue mi... ¿culpa? yo no terminé las cosas, no fui yo. Asi que no tiene mucho sentido el hecho de ocuparme de mis propias decisiones.
En fin como no fui yo, no me resta más que aceptarlo, ya está, se terminó,
Y de manera magistral. Fue como el gol de Diego a los ingleses. Nosoporto la gente que hace analogías de la vida diaria relacionando con el fútbol, pero me doy un permitido. Creo que se gano el premio a la mejor explicación rebuscada, ¡bien number one! así se hace.
Hoy te digo que ya fue, no puedo creer que lo esté superando de esta manera, lo debo estar reprimiendo y seguro después es peor, a lo mejor todavía no caí, pero eso no es, estoy más que segura de lo primero, tengo los pies bien plantados en la tierra como las raíces de un árbol.
Me siento bien porque no tuve la culpa, hice todo lo mejor que pude a mi manera, y si no le gustó se puede ir al averno de las letras, porque me siento bien, desempeñé un buen papel en esto y me siento orgullosa de mi, ¿Qué más da? Asi de una, no voy a cambiar, la persona que me quiera como realmente soy, estará en otro lado. Porque no supo aprovechar todo lo que valgo
·Preferible hacer las cosas a mi modo, aunque sufra se que va a haber un amigo, único ser con el que voy codo a codo, ya que mucho más que dos no fui contigo·
De un te quiero a la pasión hay largo trecho, o del dicho al hecho hay largo trecho, son frases que cooperan con mi buen humor. Sufrí creo que el viaje en el micro, me da miedo estar sintiéndome bien, capaz que me pega todo de golpe después y me la da en la cara, sólo espero que no duela.
·Mi 'te quiero' quería levantar castillos, pero el tuyo sólo sostenía un muro·
Es más me prometí no derramar una lágrima por alguien que evidentemente no se lo merece, gracias a que ayer una amiga me recordó algo: quien realmente las merezca jamás te hará derramarlas. Y es así, ya me hice a la idea de que es así, y no tiene sentido estar mal por alguien que no se lo merece, ¿cómo si fuera que al señor ego le importe cómo me sienta? No lo creo. Que la siga careteando, que así, se cree que le va bien. Estás haciendo las cosas mal y todo el mundo lo sabe, sólo que pensas que todos tenemos dos dedos de frente y no nos damos cuenta, cuando no somos ningunos giles.
·Que tengas suertecita, que te conceda la vida, cada día lo que mereces. Que no te falte de nada, que no te de la espalda la esperanza, que encuentres el buen camino, QUE SEA EL TUYO Y NO EL MÍO·
Va para él, el pibe que se la dio de maduro, un chico muy maduro para su edad según sus propias declaraciones, vamos a ver a quién se le cae primero la careta y si tu presunta madurez se resiste. Hay cosas que no tienen remedio, seguí enfrascado con tu madurez revestida. Un consejo, si vas a chocar mejor bajar un cambio.
·Buen viaje
·Bon Voyage
·Have a nice trip!
·Tenha uma boa viagem
Lo único que en verdad te agradezco es que hayas venido a aclaralo, aunque fue después de una semana de mierda que me hiciste esperar. Lindo eh, gracias. Lo peor es que sólo sé la mitad de las cosas, esa es la sensación que me queda. Algún día sabré la otra mitad y ahí o te entenderé (cosa que me parece muy improbable) o te hundiré más en mi memoria para nunca más sacarte a flote de nuevo.
Pero en fin, si las cosas se dieron así, fue porque tal vez tenían que ser así. Y eso que no soy de esas personas que creen en el destino, me parece algo absurdo y banal. Algo sin sentido, confío en tener uno mismo la batuta de su vida y no caer en lo típico y cliché de dejarlo en manos de algo inestable como lo es el destino. Nadie se encarga de mi vida, a lo sumo lo haré yo.
·No se muy bien cómo patear fuerte al medio y no se cuándo tirar a colocar. Pero eso sí, no va a cambiar, voy a ser yo siempre el primero en patear·
Pero esta vez, no fue mi... ¿culpa? yo no terminé las cosas, no fui yo. Asi que no tiene mucho sentido el hecho de ocuparme de mis propias decisiones.
En fin como no fui yo, no me resta más que aceptarlo, ya está, se terminó,
C'est lavie.
Ni siquiera me gasté en hacer un duelo, porque me parecía realmente patético, en realidad me da alegría en algún sentido, era mejor saltar ahora y despejar el terreno, seguro que él se habrá sentido igual porque existen explicaciones rebuscadas, pero esta se pasó.Y de manera magistral. Fue como el gol de Diego a los ingleses. No
Hoy te digo que ya fue, no puedo creer que lo esté superando de esta manera, lo debo estar reprimiendo y seguro después es peor, a lo mejor todavía no caí, pero eso no es, estoy más que segura de lo primero, tengo los pies bien plantados en la tierra como las raíces de un árbol.
Me siento bien porque no tuve la culpa, hice todo lo mejor que pude a mi manera, y si no le gustó se puede ir al averno de las letras, porque me siento bien, desempeñé un buen papel en esto y me siento orgullosa de mi, ¿Qué más da? Asi de una, no voy a cambiar, la persona que me quiera como realmente soy, estará en otro lado. Porque no supo aprovechar todo lo que valgo
·Preferible hacer las cosas a mi modo, aunque sufra se que va a haber un amigo, único ser con el que voy codo a codo, ya que mucho más que dos no fui contigo·
De un te quiero a la pasión hay largo trecho, o del dicho al hecho hay largo trecho, son frases que cooperan con mi buen humor. Sufrí creo que el viaje en el micro, me da miedo estar sintiéndome bien, capaz que me pega todo de golpe después y me la da en la cara, sólo espero que no duela.
·Mi 'te quiero' quería levantar castillos, pero el tuyo sólo sostenía un muro·
Es más me prometí no derramar una lágrima por alguien que evidentemente no se lo merece, gracias a que ayer una amiga me recordó algo: quien realmente las merezca jamás te hará derramarlas. Y es así, ya me hice a la idea de que es así, y no tiene sentido estar mal por alguien que no se lo merece, ¿cómo si fuera que al señor ego le importe cómo me sienta? No lo creo. Que la siga careteando, que así, se cree que le va bien. Estás haciendo las cosas mal y todo el mundo lo sabe, sólo que pensas que todos tenemos dos dedos de frente y no nos damos cuenta, cuando no somos ningunos giles.
·Que tengas suertecita, que te conceda la vida, cada día lo que mereces. Que no te falte de nada, que no te de la espalda la esperanza, que encuentres el buen camino, QUE SEA EL TUYO Y NO EL MÍO·
Va para él, el pibe que se la dio de maduro, un chico muy maduro para su edad según sus propias declaraciones, vamos a ver a quién se le cae primero la careta y si tu presunta madurez se resiste. Hay cosas que no tienen remedio, seguí enfrascado con tu madurez revestida. Un consejo, si vas a chocar mejor bajar un cambio.
·Buen viaje
·Bon Voyage
·Have a nice trip!
·Tenha uma boa viagem
que yo sigo con el mío, mucho mejor.
Lo único que en verdad te agradezco es que hayas venido a aclaralo, aunque fue después de una semana de mierda que me hiciste esperar. Lindo eh, gracias. Lo peor es que sólo sé la mitad de las cosas, esa es la sensación que me queda. Algún día sabré la otra mitad y ahí o te entenderé (cosa que me parece muy improbable) o te hundiré más en mi memoria para nunca más sacarte a flote de nuevo.
14.9.10
Pleamar, bajamar
No me detuve a pensar un segundo. Lo cierto es que trataba de abrir los ojos. Albergaba la esperanza, es más ansiaba cada segundo que transcurría que pudiera abrir mis párpados y ver la luz. Era la única forma de saber que no me encontraba... bueno, hablando con sinceridad, esperaba con todas las fuerzas no estar muerta. Y la única forma de saberlo era observar la luz matinal que traspasaba por la ventana y me daba de lleno en la cara.
Aún me encontraba en la oscuridad, así que tenía dos posibilidades: la madrugada estaba presente y la noche reinaba en plenas tinieblas; o tal vez me encuentre en las profundidades de un nuevo mar, esperando el desenlace fatal. Tal vez, la ansiedad de cada noche, previa a un sueño, a un nuevo dolor.
No es que no sea una adicta a la angustia, pero ya tenía hecha a la idea de lo que me aguardaba y la verdad algún día tenía que acostumbrarme.
Cada noche era espantosa. No podría aguantar mucho meciéndome sobre una pesadilla que no me llevaba a ningún lado, a ningún puerto seguro. Quería encontrar la solución, pero sabemos que en los sueños correr rápido no sirve, ni siquiera huir, no hay lugar a dónde ir. En este caso, no hay lugar donde nadar.
La pesadilla se había vuelto sistemática, mecanizada. No esperaba nada nuevo y eso era peor; esperaba y aguardaba cada momento como si fuera el último (ojalá lo fuese) pero eso tampoco era bueno, porque el final era horrible, el momento en que me dejaba ir, el del abandono.
No era miedo al agua supongo, después de todo y a pesar de no saber nadar, me sentía relativamente "a gusto" hasta el fatídico momento. Lo que más me causaba desesperación era la sensación de ahogo, el simple hecho de no encontrar el oxígeno.
Caer al agua era lo más sencillo. Tenía todo controlado, yo había decidido echarme al agua. Era uno más de una larga fila india esperando con impaciencia el momento de arrojarse al agua. Unos reían, otros no ocultaban su ansiedad moviendo sus pies a un ritmo frenético, otros aparentaban calma y tranquilidad en silencio.
Poco a poco llegaba mi turno. Se arrojaban como si no importara que hubiera debajo. Pero todos estábamos seguros de que no iba a ocurrirnos nada malo, aunque estuviéramos sobre un impresionante acantilado donde las rocas con sus puntas amenazantes eran el paisaje natural de la escena.
El tiempo se estrechaba de a ratos y se hacía insoportable en otros. Pero el tiempo no juega un papel fundamental en los sueños, si es que este era uno. Pero estaba convencida que lo era. No había otra opción.
Finalmente, el momento llegó. Con impulso y decisión, una corta carrera y allí estaba: saltando a un vacío inexistente pero con una seguridad que hasta a mí me asustaba. La caída era un letargo más que extraño, pero de un momento a otro me zambullí en el agua.
Salía a la superficie de a poco, me costaba pero todavía podía con esto. No me sentía lo suficientemente perdida como para abandonarme. Esperaba a que alguien más cayera detrás de mí, y también esperaba encontrar a quienes habían caído con anterioridad. No había nadie, me encontraba sola y eso, aunque no quisiera, me aterraba.
El pánico me invadía lentamente cuando intentaba bracear a una orilla, algo que me diera estabilidad. Pronto comencé a agitarme, moverme tanto me causaba un extremo cansancio, así que decidí detenerme, tratando de flotar sobre el agua limpia y cristalina por el momento. Tranquilas.
Luchaba contra el pánico, la sensación de ahogo y el cansancio. Y como si fuera poco, sabía que lo peor estaba por venir. Acostumbrada, me sentí esperando el desenlace, miedo era lo último que podía esperar.
Una vez más me encontraba allí, un lugar que conocía como la palma de mi mano, pero que aún así me seguía desesperando como el primer día. Esperando, sin nada a que aferrarme. No había esperanza, ni encontraba un motivo para salvarme. Me adentraba en el abandono.
Las nubes de este cielo se poblaban de manchuras negras, relámpagos y el ruido ensordecedor de un trueno a lo lejos. Las aguas abandonaban su aparente calma y comenzaban a agitarse, presa de una marea incontenible, me encontraba luchando por encontrar la superficie. El agua limpia y cristalina, se transformaba en una espesa marea negra, oscura. La oscuridad era el elemento predominante. Parecía que el agua tenía una consistencia similar al petróleo: negro y pesado. Pero después de todo era agua.
La fuerza de las enormes olas me arrastraban a la profundidad. Lo que no quería. Mis brazos no podían más del dolor, me acalambraba aún más el pensar que debía continuar si deseaba salvarme. Guardaba el poco oxígeno que tenía, pero ya bajo el agua era inútil. En un intento por buscar aire, abrí mi boca pero sólo encontré agua.
La presión me comprimía la cabeza hasta no poder soportar. Mis pulmones cambiaron el aire limpio por la negrura del agua, pudría mis entrañas. Me pesaba el cuerpo por el agua, mi interior ardía irritado por la sal marina.
Era el mayor sufrimiento, y por consecuencia era lo último. Era el momento de dejarme allí. Caía lentamente a las profundidades de un océano, feliz él de tener una víctima más. Allí estaba, muriendo.
Una luz me aguardaba al final de la caída, iluminaba con intensidad mis ojos que permanecían cerrados. Los abrí, y la luz matinal bañaba de reflejos la habitación.
El silencio reinaba. Había sobrevivido otra noche
Aún me encontraba en la oscuridad, así que tenía dos posibilidades: la madrugada estaba presente y la noche reinaba en plenas tinieblas; o tal vez me encuentre en las profundidades de un nuevo mar, esperando el desenlace fatal. Tal vez, la ansiedad de cada noche, previa a un sueño, a un nuevo dolor.
No es que no sea una adicta a la angustia, pero ya tenía hecha a la idea de lo que me aguardaba y la verdad algún día tenía que acostumbrarme.
Cada noche era espantosa. No podría aguantar mucho meciéndome sobre una pesadilla que no me llevaba a ningún lado, a ningún puerto seguro. Quería encontrar la solución, pero sabemos que en los sueños correr rápido no sirve, ni siquiera huir, no hay lugar a dónde ir. En este caso, no hay lugar donde nadar.
La pesadilla se había vuelto sistemática, mecanizada. No esperaba nada nuevo y eso era peor; esperaba y aguardaba cada momento como si fuera el último (ojalá lo fuese) pero eso tampoco era bueno, porque el final era horrible, el momento en que me dejaba ir, el del abandono.
No era miedo al agua supongo, después de todo y a pesar de no saber nadar, me sentía relativamente "a gusto" hasta el fatídico momento. Lo que más me causaba desesperación era la sensación de ahogo, el simple hecho de no encontrar el oxígeno.
Caer al agua era lo más sencillo. Tenía todo controlado, yo había decidido echarme al agua. Era uno más de una larga fila india esperando con impaciencia el momento de arrojarse al agua. Unos reían, otros no ocultaban su ansiedad moviendo sus pies a un ritmo frenético, otros aparentaban calma y tranquilidad en silencio.
Poco a poco llegaba mi turno. Se arrojaban como si no importara que hubiera debajo. Pero todos estábamos seguros de que no iba a ocurrirnos nada malo, aunque estuviéramos sobre un impresionante acantilado donde las rocas con sus puntas amenazantes eran el paisaje natural de la escena.
El tiempo se estrechaba de a ratos y se hacía insoportable en otros. Pero el tiempo no juega un papel fundamental en los sueños, si es que este era uno. Pero estaba convencida que lo era. No había otra opción.
Finalmente, el momento llegó. Con impulso y decisión, una corta carrera y allí estaba: saltando a un vacío inexistente pero con una seguridad que hasta a mí me asustaba. La caída era un letargo más que extraño, pero de un momento a otro me zambullí en el agua.
Salía a la superficie de a poco, me costaba pero todavía podía con esto. No me sentía lo suficientemente perdida como para abandonarme. Esperaba a que alguien más cayera detrás de mí, y también esperaba encontrar a quienes habían caído con anterioridad. No había nadie, me encontraba sola y eso, aunque no quisiera, me aterraba.
El pánico me invadía lentamente cuando intentaba bracear a una orilla, algo que me diera estabilidad. Pronto comencé a agitarme, moverme tanto me causaba un extremo cansancio, así que decidí detenerme, tratando de flotar sobre el agua limpia y cristalina por el momento. Tranquilas.
Luchaba contra el pánico, la sensación de ahogo y el cansancio. Y como si fuera poco, sabía que lo peor estaba por venir. Acostumbrada, me sentí esperando el desenlace, miedo era lo último que podía esperar.
Una vez más me encontraba allí, un lugar que conocía como la palma de mi mano, pero que aún así me seguía desesperando como el primer día. Esperando, sin nada a que aferrarme. No había esperanza, ni encontraba un motivo para salvarme. Me adentraba en el abandono.
Las nubes de este cielo se poblaban de manchuras negras, relámpagos y el ruido ensordecedor de un trueno a lo lejos. Las aguas abandonaban su aparente calma y comenzaban a agitarse, presa de una marea incontenible, me encontraba luchando por encontrar la superficie. El agua limpia y cristalina, se transformaba en una espesa marea negra, oscura. La oscuridad era el elemento predominante. Parecía que el agua tenía una consistencia similar al petróleo: negro y pesado. Pero después de todo era agua.
La fuerza de las enormes olas me arrastraban a la profundidad. Lo que no quería. Mis brazos no podían más del dolor, me acalambraba aún más el pensar que debía continuar si deseaba salvarme. Guardaba el poco oxígeno que tenía, pero ya bajo el agua era inútil. En un intento por buscar aire, abrí mi boca pero sólo encontré agua.
La presión me comprimía la cabeza hasta no poder soportar. Mis pulmones cambiaron el aire limpio por la negrura del agua, pudría mis entrañas. Me pesaba el cuerpo por el agua, mi interior ardía irritado por la sal marina.
Era el mayor sufrimiento, y por consecuencia era lo último. Era el momento de dejarme allí. Caía lentamente a las profundidades de un océano, feliz él de tener una víctima más. Allí estaba, muriendo.
Una luz me aguardaba al final de la caída, iluminaba con intensidad mis ojos que permanecían cerrados. Los abrí, y la luz matinal bañaba de reflejos la habitación.
El silencio reinaba. Había sobrevivido otra noche
Peter Pan
Me siento orgullosa de mí. En este año he descubierto cosas de mí misma que antes no sabía, y eso me da un empujón.
Es genial descubrir, abrir puertas que estaban cerradas.
"No me ves pero ahi voy a buscar tu prisión de llaves que sólo cierran, no me ves pero ahi voy a encontrar tu prisión."
Es decir, voy liberando pequeñas emociones y sentimientos que estaban encarcelados.
¿Quién era el guardiacarcel? ¿Quién tenía las llaves de la celda? -YO. Pues yo misma, que ingenuo.
En fin, volviendo al principio, en este tiempo he descubierto hasta el momento dos cosas de mi vida que antes no sabía: mi miedo al agua, pero no es que tenga fobia a bañarme o a lavarme las manos, no eso no. Tengo más miedo a ahogarme, o mejor dicho, mi miedo es: miedo al ahogo, a la falta de O2 en los pulmones. Me sofoca sólo pensarlo. Es uno de los primeros miedos que descrubrí.
En segundo plano, encontré mi miedo a crecer. Si, tengo miedo a crecer y es bastante estúpido. Yo que siempre goce del pensamiento de creer que era lo suficientemente madura como para afrontar el problema. Pero descubrí que en realidad no es asi.
Víctima de este miedo, sentí la necesidad de que todo se mantuviera en su mismo lugar, que nada cambiara. Que todo permaneciera por tiempo indefinido en el punto justo. Algo que creo que es el mejor momento.
Asi es, me siento una especie de Peter Pan que no quiere crecer, salvo que no tengo niños salvajes, ni un País del Nunca Jamás a donde ir. Y creo que no supone ninguna ayuda decir:Yo si creo en las hadas, etc etc.
Me tengo que quedar en el mundo, este en el que estoy, qué bazofia. Pero es lo que tengo. Siempre es medio pelotudo decir: "no tengo algo, pero tengo esto. Y bueno es lo que tengo, ¿no?"
Me encuentro sufriendo,
Obvio que quiero ir a la facultad, te la pintan muy copada. Tiene muy buena prensa la facultad. Capaz es algo más. Pero no quiero perder esto que tengo ahora.
Ni yo me entiendo.
Es genial descubrir, abrir puertas que estaban cerradas.
"No me ves pero ahi voy a buscar tu prisión de llaves que sólo cierran, no me ves pero ahi voy a encontrar tu prisión."
Es decir, voy liberando pequeñas emociones y sentimientos que estaban encarcelados.
¿Quién era el guardiacarcel? ¿Quién tenía las llaves de la celda? -YO. Pues yo misma, que ingenuo.
En fin, volviendo al principio, en este tiempo he descubierto hasta el momento dos cosas de mi vida que antes no sabía: mi miedo al agua, pero no es que tenga fobia a bañarme o a lavarme las manos, no eso no. Tengo más miedo a ahogarme, o mejor dicho, mi miedo es: miedo al ahogo, a la falta de O2 en los pulmones. Me sofoca sólo pensarlo. Es uno de los primeros miedos que descrubrí.
En segundo plano, encontré mi miedo a crecer. Si, tengo miedo a crecer y es bastante estúpido. Yo que siempre goce del pensamiento de creer que era lo suficientemente madura como para afrontar el problema. Pero descubrí que en realidad no es asi.
Víctima de este miedo, sentí la necesidad de que todo se mantuviera en su mismo lugar, que nada cambiara. Que todo permaneciera por tiempo indefinido en el punto justo. Algo que creo que es el mejor momento.
Asi es, me siento una especie de Peter Pan que no quiere crecer, salvo que no tengo niños salvajes, ni un País del Nunca Jamás a donde ir. Y creo que no supone ninguna ayuda decir:
Me tengo que quedar en el mundo, este en el que estoy, qué bazofia. Pero es lo que tengo. Siempre es medio pelotudo decir: "no tengo algo, pero tengo esto. Y bueno es lo que tengo, ¿no?"
Me encuentro sufriendo,
el "Síndrome de Peter Pan":
fenómeno que sufren aquellas personas que experimentan el miedo a crecer y a asumir responsabilidades.
Pero no tengo problema en asumirlas, ya he asumido otras, pero... esta definición está mal. Tengo miedo a crecer, a perder la esencia de mi juventud y convertirme en una agreta igual que todos los fuck adultos.Obvio que quiero ir a la facultad, te la pintan muy copada. Tiene muy buena prensa la facultad. Capaz es algo más. Pero no quiero perder esto que tengo ahora.
Ni yo me entiendo.
¿Dónde estas Wendy?
Desapareciste y te llevaste consigo mi otro yo
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